Moisés

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Datos personales
Nacimiento Siglo XIV a.C.
Gosén, Antiguo Egipto
Fallecimiento Siglo XIII a.C.
Monte Nebo
Vida 120 años
Familia
Cónyuge SéforaCusita desconocida
Padres Amram y Jocabed
Hijos Guersón
Hermanos Miriam
Aarón
Suegros Jetró
Características
Ocupación Legislador
Nacionalidad Israelita
Tribu Leví
Religión Judaísmo
Raza Semita

Moisés es una figura importante para el judaísmo, el cristianismo, el islam y el bahaísmo, donde se lo venera como profeta, legislador y líder espiritual. Es un hebreo que creció como un príncipe egipcio. En hebreo su nombre es Moshé y en árabe se lo conoce como Musa. Las referencias fundamentales acerca de Moisés se hallan en las Sagradas Escrituras del monoteísmo (Torá, Antiguo Testamento, Corán). Para el judaísmo, Moisés es el hombre encomendado por Dios para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y conducir el Éxodo hacia la Tierra prometida, siendo por ello el primer profeta y legislador de Israel. Según la tradición bíblica, Moisés era descendiente de Leví, transmitió la Ley al pueblo hebreo y sentó las bases para el sacerdocio y el culto israelita. La tradición judeocristiana atribuye a Moisés la autoría de los cinco primeros libros bíblicos (Pentateuco). En cuanto a evidencia material extra-bíblica acerca de Moisés, los arqueólogos carecen de ella. Fuera del marco de la creencia, la falta de objetos que permitirían corroborar o incluso evaluar la validez de los textos bíblicos, genera hipótesis y conjeturas diversas.

Etimología

Tradicionalmente, el origen del nombre Moisés es relacionado con la noción del agua, tanto en las fuentes egipcias como en las hebreas. En la antigua lengua egipcio el sufijo mses tenía el valor de "engrendrado por (entregado o librado por); al mismo solía anteponerse la fuente de origen o creación. Moisés significaría inicialmente "entregado por las aguas", debiéndose ello a que el infante hebreo fue hallado en ellas, por lo que las aguas del río Nilo fueron interpretadas como su origen.

La narración del Libro del Éxodo tiende a sugerir una idea semejante, donde la acción de engendrar da lugar a aquella de salvar. A partir de ello tradicionalmente se atribuye al nombre Moisés el significado de "salvado de las aguas". En su registro conocido como las Antigüedades judías (93-94 d.C.), el historiador judeorromano Flavio Josefo reafirma lo expresado por la Biblia, recurriendo además a la etimología egipcia, para finalmente confirmar que el nombre Moisés significa "salvado de las aguas".

Como nombre, Moisés se relaciona con la noción del agua y no sólo en sentido pasivo, dado que la tradición del pueblo hebreo de quien fuera "salvado" hizo un salvador y en aquel por las aguas "librado" encontró su libertador (es decir, quien lo liberó de la esclavitud en Egipto). De ahí que el nombre Moisés en hebreo es pronunciado Moshé, forma activa que denomina tanto al líder de los israelitas como a quien actuará como representante de ellos ante Yavé y, finalmente, los proveerá de la Ley. Moisés es emisario de la voluntad divina y por consiguiente entendido como proveedor o dador tanto de la libertad del pueblo israelita como de "los diez grandes preceptos" a ser desde entonces observados.

Biografía

Nacimiento

El nacimiento de Moisés tuvo lugar cuando un indeterminado faraón egipcio había ordenado a las parteras que mataran a todo varón hebreo recién nacido, pero estas por temor a Dios no hicieron como se les mandó. Moisés fue hijo de Amram, un miembro de la tribu de Leví y su esposa, Jocabed. Moisés tuvo una hermana siete años mayor que él, Miriam, y un hermano tres años mayor que él, Aarón. Según el Libro del Génesis, el padre de Amram, Coat, llegó a Egipto junto con setenta miembros del grupo descendiente de Jacob, por lo que Moisés era parte de la segunda generación de israelitas nacidos en Egipto.

Jocabed dio a luz a Moisés y lo escondió durante los tres primeros meses. Cuando no pudo ocultarlo más, lo colocó en una cesta, embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior para hacerla impermeable, y la llevó al Nilo. La cesta con el bebé fue observada y seguida de cerca por Miriam hasta que la hija del faraón llegó al Nilo para bañarse.

Miembro de la familia del faraón

La princesa egipcia, cuyo nombre era Henutmira, o Termutis según Flavio Josefo, descubrió la cesta y a Moisés dentro de ella. Miriam se acercó y consiguió que la princesa encargara que una hebrea amamantase y cuidase de la criatura; la hebrea en cuestión fue la propia madre de Moisés. Durante dos años Jocabed amamantó a Moisés y después la criatura le fue entregada a la princesa. Moisés fue criado como si fuese hijo de la princesa egipcia y el hermano menor del futuro faraón de Egipto.

Cuando Moisés se hizo adulto, observó el trabajo de los esclavos hebreos. Un día, al ver la brutalidad con la que un capataz egipcio maltrataba a un esclavo hebreo, Moisés acabó con la vida del egipcio, acto que lo condujo a tener que dejar Egipto.

Pastor en Madián

En la tierra de Madián, Moisés se detuvo en un paraje con un pozo y allí protegió a siete pastoras de una banda de otros pastores malintencionados. El padre de las pastoras, Jetró, era sacerdote de Madián. Adoptó a Moisés como hijo suyo y le permitió que habitase en Madián; allí trabajó Moisés como supervisor y responsable principal de los rebaños.

A su debido tiempo, Jetró también permitió que Moisés se casase con la mayor de sus hijas, Séfora. Trabajando como pastor, Moisés vivió en Madián durante cuarenta años, tiempo durante el cual Séfora le dio un hijo, a quien Moisés llamó Guersón.

La zarza ardiente

En cierta ocasión Moisés llevó a su rebaño al monte Horeb, y allí vio una zarza que ardía sin consumirse. Cuando Moisés intentó aproximarse para observar más de cerca aquella maravilla, Dios le habló desde la zarza, revelando su identidad e intención a Moisés.

Yavé indica a Moisés que ha de regresar a Egipto y liberar a su pueblo de la esclavitud. Moisés expresa no ser el candidato para realizar tamaña encomienda y, además, recuerda que padece de una dificultad en el habla. Yavé le asegura que le proporcionará todo el apoyo necesario para que lleve a cabo su obra.

Las diez plagas de Egipto

Moisés obedece y regresa a Egipto, donde es recibido por Aarón. Ambos organizan una reunión para informar a los israelitas sobre lo ocurrido y, luego de señales, revelaciones y proezas llevadas a cabo por Moisés, los hebreos lo seguirán como enviado que trae la palabra de Yavé.

Lo más difícil fue persuadir al faraón para que dejase marchar a los hebreos, quienes no obtuvieron su permiso hasta que Yavé envió diez plagas sobre los egipcios. Esta serie de eventos comenzó con el agua tornándose sangre y culminó con la muerte de todos los primogénitos egipcios, lo cual causó tal terror entre los egipcios que el faraón terminó por permitir que el esclavizado pueblo hebreo dejara finalmente Egipto.

El Éxodo

Moisés lideró al pueblo israelita en dirección este, iniciando así la larga travesía hacia la tierra prometida. Partieron desde Ramesés hacia Sucot unos seiscientos mil hombres, sin contar los niños. Llevaron consigo los restos de José, cumpliendo la voluntad de su predecesor.

La gran caravana de los hebreos se movía lentamente y tuvo que acampar tres veces antes de dejar atrás la frontera egipcia, establecida entonces en el Gran Lago Amargo o en la punta más septentrional del Mar Rojo. Entre tanto, el faraón cambió de opinión y, con un gran ejército, partió para recuperar sus esclavos. Atrapados entre el ejército egipcio y el mar, los hebreos se desesperaron, pero Yavé dividió las aguas del Mar Rojo por mediación de Moisés, permitiendo a los israelitas cruzarlo con seguridad. Cuando los egipcios intentaron seguirlos, las aguas volvieron a su cauce, ahogando a todo el ejército egipcio.

Aunque la Biblia no cita al faraón del Éxodo por su nombre, sí da la fecha exacta del Éxodo. En 1 Reyes 6:1 se lee que Salomón comenzó a construir el Templo en el cuarto año de su reinado, 480 años después que los hijos de Israel salieron de Egipto. Se estima que el cuarto año del reinado de Salomón fue hacia el año 966 a.C. A partir de ello la fecha de Éxodo podría haber sido 1446 a.C., cuando gobernaba Tutmosis III. No obstante, dado que el texto bíblico indica específicamente que los hebreos partieron de la ciudad llamada "Ramesés" hacia Sucot, ciudades que no existían en tiempos de Tutmosis III y que datan del siglo XIII a.C., cuando Ramsés II gobernaba Egipto, en el campo de la investigación se considera el año 1250 a.C. H.W.F. Saggs, profesor de lenguas antiguas, observa en sus escritos académicos que la mención de la ciudad de Ramesés, construida en parte por los esclavos israelitas, ofrece de hecho un indicio cronológico, dado que hoy es sabido que Ramsés II construyó una ciudad, Per-Ramsés (Pi-Ramsés), la cual se corresponde con el nombre proporcionado por la Biblia. Ello tiende a posicionar la esclavitud de los hebreos en Egipto y su salida de ese país en el siglo XIII a.C. Es en ese mismo siglo que ocurre la primera mención extra-bíblica de Israel. Se trata de una inscripción del sucesor de Ramsés II, Merenptah.

Otorgamiento de la Ley

Luego de tres meses desde que los hebreos habían salido de Egipto y durante la travesía por el desierto, Dios confirió los Diez Mandamientos directamente a Moisés y lo hizo en el monte Sinaí. Según la tradición bíblica, Moisés subió a dicho monte a recibir las Tablas de la Ley. Estuvo en Sinaí durante cuarenta días, hasta que recibió de Dios en dos tablas de piedra escritas con Su dedo. Las Tablas en cuestión recogían los Diez Mandamientos, leyes básicas de cumplimiento obligatorio para el pueblo hebreo. Dado que las distintas tribus hebreas hasta entonces conservaban la fe en un Dios único y algunas costumbres que habían heredado de sus antepasados, no poseían un concepto claro acerca de Dios ni poseían leyes fijas sobre la vida social y moral. Habiendo residido en Egipto copiaron allí ciertas costumbres paganas. Era necesario, por consiguiente, enseñar a los israelitas en qué consistía su verdadera fe y a qué leyes debían atenerse.

Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia los israelitas habían fundido metales preciosos y construido un becerro de oro, a semejanza de un cuadrúpedo ídolo egipcio, y comprendió que lo adoraban. La eventual idolatría cometida por el pueblo provocó la ira de Dios e, indignado, Moisés montó en cólera y arrojó las Tablas de la Ley, destruyendo asimismo el ídolo de oro. Las prescripciones divinas no obstante serían reescritas y restablecidas por Moisés, siendo subsecuentemente adoptadas por el pueblo.

En el monte Sinaí, el pueblo judío fue organizado doctrinalmente por el sacerdocio de Aarón. Se les inculca estatutos, mandamientos y por sobre todo el desarrollar fidelidad a los convenios con Yavé.

Travesía por el desierto

La travesía por una serie de parajes inhóspitos de la gran masa de personas fue dura y muchos empezaron a dar rumores y a murmurar contra sus líderes (Moisés y Aarón), aduciendo que era mejor estar bajo el yugo egipcio que padecer las penurias de la travesía. Moisés realizó innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y demostrar al pueblo de Israel que Yavé los guiaba. Las manifestaciones divinas fueron pródigas.

Para alimentarlos, Yavé hizo llover maná del cielo. Para beber, les dio múltiples fuentes de agua, como la fuente de agua amarga convertida en agua dulce. En tanto Yavé ordenó a Moisés hablarle a una roca de la que saldría gran cantidad de agua cuando la golpeó dos veces con su bastón, por eso llamaron a ese lugar Meriba.

Ya cerca de la tierra prometida, Moisés encomienda a doce espías investigar y dar un reporte de las bondades de la tierra de promisión, pero al volver, diez de los doce espías dan un reporte sumamente desalentador sobre las gentes que moraban sobre estas tierras, inculcando miedo a las huestes armadas y por sobre todo desconfianza a las promesas de Yavé. Debido a esto, Dios castigó a Israel con cuarenta años en el desierto, un año por cada día, por su falta de fe, y prohibió la entrada de todo varón mayor de 20 años acto para la guerra a la tierra de promisión. Hay que aclarar que la prohibición no incluía a Josué y Caleb, quienes sí mostraron fe en las promesas divinas.

En su travesía por los desiertos, Israel lucha por primera vez contra los amalecitas, que eran un pueblo principal y vencen solo por la pujanza de Moisés. Israel además vence a Arad, a los amorreos liderados por Sehón y rodean tierras por donde no se les permite combatir ni se les da el paso, como es el caso de las tierras de Edom.

Ya estando cerca de Moab, Balac, rey de los moabitas ve venir a Israel por el margen oriental y teme del pueblo de Israel, manda a llamar a Balaam, adivino de Mesopotamia para que maldiga al pueblo de Israel; pero Yavé envía a un ángel a interponerse en el camino de Balaam hacia el monte de Bamot-Baal y es persuadido a bendecir al pueblo israelita y lo hace tres veces a pesar de los deseos de Balac.

Finalmente, tras cuarenta años de vagar por el desierto, los hebreos de aquella generación murieron en el desierto. Una nueva generación de hebreos libres, nacidos en el éxodo, llegaron a la Tierra Prometida y entraron por fin a ella guiados por Josué. A Moisés se le prohibió entrar a la Tierra prometida por desobedecer a Dios en Meriba por golpear la roca en vez de hablarle, permaneció con aquellos que no iban a entrar a la Tierras Prometida y, sabiendo que no estaba lejos la hora de su muerte, le pasó el mando a Josué. Josué cruza el río Jordán dejando atrás cuarenta años de permanencia en el desierto de Parán y una distancia recorrida cercana a los 1000 km a razón de 25 km/años desde que dejaron Pi-Ramsés en Egipto.

Cuando murió Moisés, a la edad de ciento veinte años, fue llorado por su pueblo durante treinta días y treinta noches.

Moisés en el judaísmo

La principal fuente en relación a Moisés es la Torá, cuyos ejemplares son preservados en todas las sinagogas e instituciones israelitas. Dentro de los textos sagrados del judaísmo, particularmente importantes son los libros del Pentateuco, cuya redacción definitiva tuvo lugar en tiempos de Josías, quien gobernó el Reino de Judá en el siglo VII a.C. Existe además una multitud de otros tantos documentos, literatura, historias e información adicional sobre Moisés en las exégesis rabínicas conocidas como el Midrásh, así como en las compilaciones de textos más importantes de la ley oral judía, a los que se conoce como la Mishná y el Talmud.

Tradicionalmente durante Pésaj (Pascua judía), los observantes judíos leen el texto de la Hagadá, donde se narra el proceso de liberación de los hebreos de su esclavitud en Egipto y la intervención de Moisés en el mismo.

Moisés en el cristianismo

Moisés es un precursor de Jesús, a menudo se los compara e indica que Moisés es considerado un profeta y por consiguiente portador de la palabra de Dios. En el Evangelio, las enseñanzas y hechos de la vida de Jesús son comparados con aquellos de Moisés para explicar la misión de Jesús.

Moisés figura a su vez en varios de los mensajes de Jesús. Cuando conoce al fariseo Nicodemo por la noche, en el tercer capítulo del Evangelio de Juan, compara el alzado de la serpiente de bronce en el desierto, que cualquier hebreo podía mirar para ser curado, con su propia ascensión a los cielos tras su muerte y resurrección de modo que la gente lo vea y sea curada. En el sexto capítulo, Jesús responde a sus seguidores que Moisés hizo que cayera el maná en el desierto diciendo que no había sido él, sino Yavé, quien había obrado el milagro. Llamándose el «pan de la vida», Jesús afirma que ahora es él quien alimenta al pueblo de Yavé. En la carta de Judas contiene una breve mención de una disputa entre el arcángel Miguel y el Diablo por el cuerpo de Moisés.

Moisés en el islam

En el Corán, el libro sagrado del Islam, la vida del profeta Moisés (Nabi Musa) se narra y se recuerda más que la de cualquier otro profeta reconocido por los musulmanes. Junto con Abraham, Moisés es considerado uno de los profetas más importantes del monoteísmo en el período anterior a Mahoma. El Corán nota que Moisés es una figura principalmente judía y establece pocas diferencias en relación a la creencia tanto de hebreos como de cristianos.

El Corán afirma que Alá reveló el texto sagrado a Moisés y numerosas secciones del texto bíblico directamente relacionadas con Moisés se hallan incorporadas dentro del más sagrado texto de los musulmanes, quienes, por otra parte, veneran lo que ellos consideran ser el sepulcro de Nabi Musa y al que denominan "Maqam El-Nabi Musa", situándolo en el camino entre Jericó y Jerusalén. Como localidad, Nabi Musa se halla bajo la administración de la Autoridad Palestina y pertenece a la jurisdicción de Jericó.

Iconografía

En la Historia del Arte, la figura de Moisés es frecuente tanto en el arte judío como en el arte cristiano. Moisés es generalmente representado como profeta y las Tablas de la Ley constituyen entonces su principal atributo. En tal caso suele figurar como un hombre ya maduro, barbudo, portando una túnica hebrea y una vara o báculo en su mano. En imágenes que conciernen a la juventud de Moisés se lo representa con los atributos de un príncipe egipcio.

Moisés es representado como legislador del pueblo hebreo y portando las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, siendo dichas Tablas su principal atributo en la creencia colectiva e imaginería visual tanto judía como cristiana.

Moisés figura en relieves, mosaicos, manuscritos miniados, íconos, vitrales, pinturas y esculturas que responden a las diferentes expresiones de la fe cristiana. Moisés es además santo patrono de iglesias en Monte Nebo, Venecia y Ámsterdam.

Otro atributo singular de Moisés es la luminosidad que emerge de la piel de su rostro y que tiene su referente último en el texto bíblico, donde este concepto encuentra expresión mediante el haz de luz que hacía que resplandeciera el rostro de Moisés luego de haber estado éste en presencia del Creador. En términos visuales ello es a menudo expresado mediante dos haces de luz que parten desde la frente del hombre que se ha vuelto profeta.

La presencia de cuernos en vez del haz de luz en el caso de las imágenes que involucran a Moisés se debe a un error de interpretación al traducirse la Biblia del hebreo al latín: la antigua expresión hebrea keren que se refiere al estado replandeciente del rostro de Moisés, fue interpretada por Jerónimo de Estridón equivocadamente como "cuernos" e incluida como tal en la Vulgata; ello dio lugar a un Moisés con cuernos en varias imágenes eclesiásticas del período gótico tardío. No obstante, ello fue en su momento notado por la Iglesia y los cuernos en cuestión fueron a partir de entonces reemplazados por formas visualmente comparables a rayos de luz que en términos unívocos expresan la resplandecencia del rostro de Moisés.

En el celebérrimo caso del Moisés de Miguel Ángel, el artista florentino recurrió a un par de cuernos no por ignorancia o falta de información, sino porque deseaba expresar la noción de que Moisés, luego de su encuentro con el Creador, se había transformado y ya no era meramente un hombre, sino un ser prácticamente sobrenatural debido al extraordinario papel que le tocaba desempeñar ante Dios.

En la imaginería cristiana, tanto católica como ortodoxa, cuando se expresa la noción de santidad, Moisés puede a veces presentar una aureola en aquellas representaciones icónicas que le son propias.[1]

Referencia

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