Maná fue un tipo de comida enviada milagrosamente por Yavé a los israelitas durante su estadía de cuarenta años en el desierto.

Etimología

Según el libro del Éxodo, el maná (hebreo: ןמ) era el pan enviado por Dios a los israelitas todos los días durante los cuarenta años que estos deambularon por el desierto. Los israelitas lo llamaron así al expresar: «¿Qué es esto?». Lo recibían todos los días, menos el séptimo, sábado, por lo cual debían recolectar doble ración el sexto día, es decir un gomer por cabeza (Éx 16:22).
También se encuentran referencias en midrashes judíos de que el maná tenía el sabor y la apariencia de aquello que uno más deseaba. En el Arca de la Alianza se conservaba una muestra de dicho alimento. El maná también se menciona en el Corán, en las azoras al-Baqara, al-Araf y Ta ha, en las que se caracteriza el maná como uno de los milagros con los cuales Dios favoreció a los israelitas.

Historia

El Maná caía durante la noche en pequeñas hojuelas blancas o granos que cubrían el suelo y tenían la apariencia de escarcha blanca. Estos granos son descritos como semejantes a semilla de cilantro y bedelio, con un sabor a “torta de miel”, o “pan untado con aceite”.
El maná cayó por primera vez cuando los israelitas estaban en el desierto de Sin, seis semanas después de su salida de Egipto, en respuesta a sus murmuraciones por las privaciones de la vida en el desierto y de ahí en adelante caía diariamente, excepto en el sábado, hasta que llegaron a Guilgal en la planicie de Jericó. Durante estos años el maná fue su principal pero no único alimento, pues el pueblo de Israel lo comió y disfrutó cada día durante 40 años hasta que entró a poseer la "buena tierra". El maná debía ser recogido por la mañana, pues el calor del sol lo derretía. La cantidad a ser recogida se limitaba a un gomor (omer, entre seis a siete pintas) por persona; pero en la víspera del Sábado se debía recoger una porción doble.
Cuando se guardaba por la noche se pudría y cogía gusanos, excepto la porción que se reservaba para sábado. Aunque era comestible en su estado natural, usualmente se molía en la muela o se machacaba en un mortero y luego se hervía y se hacían tortas. Como recordatorio para futuras generaciones, una vasija llena con maná se colocaba cerca del Arca de la Alianza. Se cuenta que 1986 se encontraron unos manuscritos antiguos que hacen referencia al maná describiéndolo como semillas parecidas a las de la mostaza y del color de los dátiles de Siria. Hoy día el Maná es la Palabra viviente de Dios. La Biblia revela a Dios, a Cristo, el hombre, el pasado y el futuro, pero sobretodo, transmite la propia vida y Espíritu de Dios. Cuando nosotros nos abrimos al hablar y revelación de esta Palabra, ésta viene a ser la semilla de vida que aviva, refresca, fortalece y transforma nuestro ser interior.

Descripción religiosa

En el libro bíblico del Éxodo se relata que el maná aparecía cada noche y mañana después de que el rocío hubiera desaparecido y que este debía ser recogido antes de que el calor del sol lo derritiera. Según Números, llegaba con el rocío, por la noche. Se describe el maná como una especie de semilla similar a la del coriandro, de color blanco, que tras ser molida y horneada se parecía a las obleas con miel, aunque en Números se describe del mismo color de la mirra india y añade que algunas de las tortas sabían a tortas aceitadas.
Los exégetas creen que estas diferencias se deben a que el Éxodo es un texto yavista, mientras que el de Números es de fuente sacerdotal. El Talmud babilónico explica que las diferencias en la descripción se debían a que su gusto variaba según quien lo tomaba, miel para los niños, aceitunas para los jóvenes, pan para los mayores; la literatura rabínica clásica soluciona la cuestión de si el maná caía antes o después del rocío explicando que lo hacía entre dos capas de humedad.

Investigaciones realizadas

El fenómeno se ha estudiado mucho y puede explicarse. Existe una sustancia vegetal que pudo ser el alimento de los hebreos de aquella época, con mucha probabilidad el maná del que se alimentaron los hebreos durante la travesía del desierto era un pequeño liquen, la “Lencanora esculenta”, que una vez seca, es elevada por el viento y llevada a grandes alturas, descendiendo a la tierra como una lluvia cuando la presión atmosférica cambia. Se ha identificado con el maná también el líquido que trasuda el tronco del fresno, “fraxinus ornus”.
En Sicilia, la recogida del maná, un zumo dulce, que fluye por incisión del tronco de fresnos (Fraxinusornes), y que contiene manita, azúcar y dextrina, constituye una pequeña fuente de ingresos, ya que tienen diversos usos farmacéuticos, en especial la preparación de la “mamita” (principio azucarado contenido en el maná) que es un conocido laxante. Existe un tercer maná, el del SINAB, que se forma en el interior del tronco del Tamarix manigera por la picadura de los insectos o arañazos de la corteza provocados por el paso de algún animal, que también tiene usos curativos.
Algunos eruditos han propuesto que el maná deriva de una palabra egipcia mennu que significa ‘alimento’. A finales del siglo XX, los árabes residentes en la península del Sinaí vendían la resina del árbol del tamarisco como man es-simma, que significa ‘maná celestial’. Los árboles de tamarisco son muy abundantes en el sur del Sinaí, y su resina es similar a la cera, se derrite con el sol, es dulce y aromática (como la miel), y tienen un color sucio-amarillo, coincidiendo con las descripciones bíblicas. Sin embargo se compone de azúcar, así que no puede proporcionar la suficiente nutrición para que una población sobreviva durante largos periodos, y sería muy difícil convertirla en tortas.[1]

Referencia

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