Jacob
בקעי

Jacob y el rebaño de Labán.

Datos personales
Otros nombres Israel
Nacimiento c. 2000 a. C.
Canaán
Fallecimiento c. 1853 a. C.
Egipto
Vida 147 años
Familia
Cónyuge Lía
Raquel
Padres Isaac y Rebeca
Hijos Rubén
Simeón
Leví
Judá
Isacar
Zabulón
Dina
Dan
Neftalí
Gad
Aser
José
Benjamín
Suegros Labán
Abuelos Abraham y Sara
Batuel
Características
Ocupación Patriarca
Nacionalidad Israelita
Religión Judaísmo
Raza Semita

Jacob [1], también llamado Israel [2], es uno de los patriarcas de los israelitas que compró la primogenitura de su hermano Esaú por un plato de lentejas.

Biografía

Juventud

Jacob probablemente nació en Lahai-roi, unos veinte años después del matrimonio entre Isaac y Rebeca, cuando su padre tenía 60 años de edad, y su abuelo Abraham, 160 años. Al igual que su padre, Jacob era de disposición tranquila, porque era un un hombre sencillo y puro. También dice que yacía «en la tienda», lo cual podría ser una señal de que era además estudioso.

Era el segundo nacido de los hijos mellizos de Isaac y Rebeca. Durante el embarazo, los niños luchaban dentro de ella. Cuando Rebeca le consultó a Dios el porqué de la lucha, recibió el mensaje de parte de Él, que dos naciones, muy distintas entre ellas, estaban formándose en su vientre, y que el mayor serviría al menor. Rebeca siempre recordó estas palabras. De hecho, ella siempre favoreció a Jacob. Entretanto, su padre, Isaac, siempre favoreció a Esaú, el otro hijo mellizo, quien era un hombre de campo y un gran cazador.

Cuando los muchachos crecieron, Esaú, el cazador, un día vino hambriento y le pidió a su hermano Jacob el plato de lentejas que estaba comiendo. Jacob le pidió que le vendiera la primogenitura, como hijo mayor, a cambio del alimento. Esaú, viendo que este derecho le era inservible en caso de morir, accedió, y así despreció su primogenitura. Este derecho no sólo incluía el tradicional rito de los primogénitos, el cual garantizaba un rango superior en la familia, sino también una doble porción de la herencia paterna.

Isaac bendice a Jacob (1638), obra de Govert Flinck.

Cuando Isaac envejeció, perdió la vista hasta el punto de quedar casi ciego; envió a Esaú a los campos pidiéndole que cazara algo para una última comida antes de recibir su bendición. Rebeca escuchó y dio a Jacob dos cabritos para degollar y traérselos a su padre, para que recibiera de él la bendición en lugar de de su hermano. Jacob objetó que su padre, aunque estaba casi ciego, podría notar la sustitución sólo con tocarlo, ya que Esaú era bastante velludo y él era lampiño. Rebeca le dijo que no se preocupara, y le colocó a modo de fundas las pieles de los cabritos sobre cuello y manos.

Jacob, así vestido, fue a la presencia de su padre afirmando ser su hermano. Entonces Isaac, sospechando de su voz, pidió que se acercara para palparlo. Una vez que se aseguró de que era Esaú, le dio la bendición. Tan pronto como Jacob recibió dicha bendición, se marchó. Luego llegó Esaú, montando en cólera por lo que había ocurrido. Isaac, quien ya se había dado cuenta de su error, le dijo que lo único que podía darle era una bendición menor. Esaú, en cambio, juró que iba a matar a su hermano, una vez que su padre muriese.

Rebeca, su madre, dándose cuenta de antemano de las intenciones asesinas de Esaú, le llamó y lo hizo huir, enviándolo donde su tío, Labán, hasta que la furia de Esaú disminuyera. También le aconsejó que buscara una esposa mientras viviera allí.

Jacob y Labán

La escalera de Jacob

En el camino a Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es comúnmente referida en las Escrituras como «la escalera de Jacob». Desde la cima de la escalera, escuchó la voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia Jacob. Continuando su camino, llegó a Harán. Paró allí, y encontró a la hija más joven de su tío Laban, su prima Raquel. Después de que Jacob hubiera vivido un mes con sus familiares, Laban le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob indicó que le serviría por siete años, pues no tenía dote o pertenencias para ofrecerle a cambio de la mano de Raquel en matrimonio, a lo cual Laban accedió.

Raquel y Jacob de William Dyce.

Estos siete años le parecieron a Jacob «unos pocos días, por el amor que le tenía a ella». Pero una vez que se completó el tiempo establecido, Laban le dio a su hija mayor, Lía, en su lugar. Por la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó, a lo que Laban dijo que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que la hija mayor. Entonces ofreció a Jacob darle también a Raquel, aunque sólo si permanecía con Lía. Él cumplió con la luna de miel y trabajó otros siete años.

Una vez que se casó con ambas, Jacob amó a Raquel y despreció a Lía. Dios, viendo esto, hizo que Lía procreara muchos hijos. Ella dio a luz a Rubén, Simeón, Leví y a Judá antes de partir al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, se puso celosa de su hermana y pidió a Jacob que tuviera hijos con su criada, Bilha, para que ella pudiera tener un hijo a través de ella. Jacob hizo así, y Bilha dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lía se puso celosa, y le pidió a Jacob que tuviera hijos también con su criada, Zilpa, quien dio luz a Gad y Aser. Entonces, Lea volvió a ser fértil y dio a luz a Isacar, Zabulón y Dina. Dios se acordó luego de Raquel y, al fin, le concedió dos hijos, José y Benjamín.

Para el tiempo en que nació José, Jacob deseaba volver a casa, pero Laban notó que Dios le había bendecido en gran manera mientras Jacob estuvo allí, por lo que le rogó que se quedara. Laban ofreció pagarle. Entonces Jacob mencionó, como posible pago, parte del hato de ganado de Laban, el cual había aumentado grandemente. Laban accedió, e inmediatamente le dio todas las reses que Jacob había solicitado.

Conforme el tiempo pasaba, los hijos de Laban se dieron cuenta de que Jacob tomaba la mejor parte de sus rebaños, además de que la actitud amistosa de Laban hacia Jacob había cambiado. Entonces, Dios le advirtió a Jacob que saliera del pueblo, y después de una rápida consulta a sus esposas, partió sin dar aviso a Laban. Antes de marcharse, Raquel robó los ídolos religiosos de la casa de su padre.

El retorno

Laban muy furioso persiguió a Jacob durante siete días, pero la noche antes de que lograra alcanzarle, Dios le habló en sueños y le dijo: «Debes tener cuidado de no hablar mal a Jacob».

El día que se encontraron, en el monte Gilead, Laban acusó a Jacob de escabullirse con sus hijas, como si fueran cautivos, y le cuestionó por qué no le había avisado de su partida con anticipación. Le mencionó a Jacob que pudo herirlo, pero el mensaje de Dios la noche anterior le detuvo de hacer esto. Finalmente preguntó por qué los ídolos habían sido robados.

Jacob no sabía que Raquel había robado los ídolos. Por tanto, le dijo a Laban que quien quiera que los hubiera robado debía morir, a lo cual le solicitó que le permitiera buscarlos. Laban lo hizo así, mas cuando buscó en la tienda de Raquel, ella los escondió sentándose sobre ellos. Una vez que terminó su búsqueda y vino sin nada, Jacob, molesto, le reprendió por haberlos perseguido e insistir en revisar sus cosas, recordándole todo el tiempo que habían perdido mientras revisaban las tiendas. Ambos hicieron la paz, Laban regresó a casa y Jacob siguió su camino.

Tan pronto se acercó a la Tierra Prometida, Jacob envió un mensaje a su hermano Esaú. Sus sirvientes volvieron con la noticia de que Esaú estaba aproximándose a Jacob con un ejército de 400 hombres. En tal trance, Jacob se preparó para lo peor y sintió que ahora debía encomendarse. Oró a Yavé, purificó a su familia de los dioses ajenos y, por orden de Dios, subió a Betel y se quedó allí en donde hizo un altar de Dios.

Jacob se encontró con un ángel con el cual tuvo que luchar hasta vencerlo. El ángel le preguntó su nombre y se lo dijo. El ángel le cambió el nombre de Jacob a Israel porque luchó con Dios y con los hombres, y ha vencido. Este ángel, mensajero, no es aquí un ser distinto de Dios, sino que es el mismo Yavé en cuanto que se hace presente para comunicar un mensaje. Posteriormente Dios se le apareció a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le bendijo confirmando el cambio de nombre.

Jacob se estableció en Sucot por un tiempo. Mientras viajaba posteriormente a Efrata, camino de Belén, Raquel murió dando a luz a su segundo hijo, Benjamín, seis años después del nacimiento de José.

La llegada a Egipto

La túnica de José (1790) de José Vergara.

Jacob fue profundamente herido en su alma con la desaparición de su hijo amado, José, quien había sido vendido a unos mercaderes por sus hermanos a causa de los celos que le guardaban.

Isaac murió a la edad de 180 años, 44 después de que bendijera a Jacob y lo enviara a Laban a buscar esposa. En este tiempo, José, quien contaba con 30 años, había sido liberado de prisión en Egipto y había sido nombrado Gobernador de esas tierras, sólo por debajo del Faraón.

Hubo hambre en la tierra y Jacob envió a sus hijos a Egipto a comprar grano en varias ocaciones hasta que José se presentó a sus hermanos luego de probarlos. El patriarca fue a Egipto con toda su casa a pedido de su hijo José. Jacob llegó a residir en la tierra de Gosén, con su familia que sumaban setenta almas personas.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Llegando al fin de su vida, convocó a sus hijos al lado de su lecho y los bendijo. Junto con sus últimas palabras repitió la historia de la muerte de Raquel, aunque habían pasado ya 51 años desde su deceso. Entonces, hizo un último pedido a sus hijos y expiró a la edad de 147 años.

Descendencia

Jacob tuvo doce hijos. De su primera esposa Lía tuvo a Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón y, a su única hija, Dina. De Zilpa, sierva de Lía, tuvo a Gad y Aser.

De su segunda esposa, Raquel, tuvo a José y Benjamín. De Bilha, sierva de Raquel, tuvo a Dan y Neftalí.

Los hijos de Jacob son los patriarcas de doce tribus de Israel. Los descendientes de Leví, llamados levitas, fueron sacerdotes, y por lo tanto, no tenían tierras. Con el fin de hacer que el número de tribus fueran doce, ya que no se mencionaba a Leví, y no existía la Tribu de José, se nombraron a los hijos de este último, que tuvo en Egipto con Asenat, como sustitutos: Efraím y Manasés.[3]

Referencia

  1. En hebreo: בֹקֲעַי, Ya'akov, ‘sostenido por el talón’; en árabe ﺏﻮﻘﻌﻳ , Yaqūb.
  2. En hebreo: לֵאָרְׂשִי, Israel, ‘el que pelea junto al Dios El’ en árabe ﻞﻴﺋﺍﺮﺳﺍ , Isrāīl.
  3. Jacob
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