Réplica del Arca de la Alianza en el Royal Arch Room del George Washington Masonic National Memorial.

El Arca de la Alianza es una caja de madera recubierta de oro que servía de trono a la presencia de Dios y que se guardaba en el Tabernáculo.

Diseño

Lo primero que Yavé le detalló a Moisés, cuando le dio las instrucciones para construir el tabernáculo, fue el modelo y el diseño del arca, dado que iba a ser el objeto principal y más importante no solo del tabernáculo, sino también de todo el campamento de Israel. El cofre en sí mismo medía 2,5 codos de largo, 1,5 de ancho y 1,5 de alto (111 cm × 67 cm × 67 cm) y estaba hecho de madera de acacia, revestido de oro puro tanto por dentro como por fuera. Coronaba el arca un artístico borde de oro en forma de guirnalda sobre ella en derredor. La segunda parte del arca, su cubierta, estaba hecha de oro macizo, no meramente de madera revestida, y tenía la misma longitud y anchura que el cofre. Sobre esta cubierta había montados dos querubines de oro de labor a martillo, uno a cada extremo de la cubierta, con sus rostros vueltos el uno hacia el otro, las cabezas inclinadas y las alas extendidas hacia arriba cubriendo la cubierta protectoramente. A esta cubierta también se la conocía como el propiciatorio o cubierta propiciatoria.

Para transportar el arca, se suministraron largos varales, hechos también de madera de acacia revestida de oro e insertados a través de dos pares de anillos de oro a ambos lados del cofre. Como estos varales no se debían quitar de sus anillos, nunca había necesidad de que los portadores del arca la tocaran. En las esquinas había cuatro patas para que no se apoyase directamente en el suelo, aunque no se sabe qué altura tenían. Parece que los anillos estaban montados justo por encima de las patas, o quizás sobre las mismas.

Historia

Orígenes

Representación de Moisés y Josué, arrodillados ante el arca.

Bezalel y los hombres de corazón sabio que le ayudaban se apegaron a las instrucciones explícitas recibidas y construyeron el arca con los materiales con los que el pueblo había contribuido. Un año después del éxodo, finalizado y erigido el tabernáculo, Moisés puso dentro del arca las dos tablas de la Ley. Seguidamente, Moisés introdujo los varales por los anillos del arca, le colocó la cubierta y la llevó al tabernáculo. Una vez allí, puso en su lugar la pantalla que separaba el Santo del Santísimo y después, como parte de la ceremonia inaugural, ungió con aceite el arca y todos sus utensilios. A partir de entonces, siempre que los sacerdotes desmontaran el tabernáculo para levantar el campamento, emplearían la misma pantalla divisoria, además de una cubierta de pieles de foca y una tela azul, para cubrir el arca con el fin de impedir que el pueblo la mirase ‘por el más mínimo momento, y por lo tanto muriese’.

Samuel escribió que Yavé estaba sentado sobre los querubines (1Sa 4:4), de ahí que estos sirvieran como la representación del carro de Yavé. Por lo tanto, siempre que Moisés entraba en la tienda de reunión para hablar con Yavé, entonces oía la voz que conversaba con él desde más arriba de la cubierta que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y le hablaba.

Conquistando la Tierra Prometida

El Arca de la Alianza (Tissot, 1896-1902).

Más tarde, Josué y el sumo sacerdote Fineás también inquirieron de Yavé delante del arca. (Jos 7:6-10; Jue 20:27, 28.) Solo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar en el Santísimo y ver el arca un día al año, aunque no con el propósito de comunicarse con Yavé, sino para llevar a cabo la ceremonia del Día de Expiación. Así, al tiempo de cruzar el Jordán, Yavé detuvo el caudal del río cuando los sacerdotes que llevaban el arca pisaron las aguas de la orilla, y de ese modo se les permitió cruzar por el cauce seco. (Jos 3:1–4:18.)

El arca no era un amuleto mágico, su sola presencia no garantizaba el éxito; más bien, las bendiciones de Yavé dependían de la condición espiritual y de la obediencia fiel de los que la poseían. Por esta razón, los israelitas, acaudillados por Josué, sufrieron una derrota en Hai debido a su infidelidad, a pesar de que el arca estaba en el campamento.

Asimismo, en la marcha alrededor de Jericó, un contingente militar iba delante, seguido de siete sacerdotes que tocaban el cuerno; luego iba el arca y por último, las fuerzas de retaguardia. (Jos 6:3-13.) La victoria alcanzada en Jericó contrasta con la derrota que tiempo atrás habían experimentado, cuando un grupo de rebeldes intentó temerariamente iniciar la ocupación de la Tierra Prometida, contraviniendo las instrucciones divinas y sin que el arca del pacto de Yavé se hubiese movido.

Las guerras contra los filisteos

El arca no se guardó en un lugar permanente hasta que se erigió el Templo de Salomón. Cuando se completó la mayor parte de la conquista del país (c. 1467 a. C.), se trasladó a Siló, donde al parecer permaneció con la excepción del tiempo que estuvo en Betel hasta que la capturaron los filisteos. Una vez recuperada, y de nuevo en el territorio de Israel, estuvo primero en Bet-semes y después en Quiryat-jearim, donde permaneció unos veinte años.

Hasta los filisteos, un pueblo enemigo, percibieron la presencia de Yavé cuando el arca estuvo en el campo de batalla. Atemorizados, gritaron: "¡Dios ha entrado en el campamento de Israel! ¡Ay de nosotros, porque una cosa como esta nunca antes ha sucedido! ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos salvará de la mano de este majestuoso Dios? Este es el Dios que fue golpeador de Egipto con toda suerte de matanza en el desierto (1Sa 4:6-8).

Aunque los israelitas estaban confiados porque el arca se hallaba entre sus fuerzas de combate, los filisteos mataron a 30.000 soldados de Israel y hasta se apoderaron de ella. La presencia de Yavé siguió haciéndose manifiesta cuando los filisteos se apoderaron del arca y se la llevaron a Asdod para colocarla junto a la imagen de Dagón. Aquella noche, la imagen de ese dios cayó rostro a tierra; a la noche siguiente, la estatua cayó de nuevo delante del arca y quedó con la cabeza y las palmas de las manos separadas del cuerpo. En el transcurso de los siete meses siguientes, el arca fue pasando de una ciudad filistea a otra, y según pasaba, plagaba a los filisteos con hemorroides, y dejó a Eqrón sumida en una confusión mortífera hasta que finalmente fue devuelta a Israel, junto con la ofrenda por la culpa requerida (1Sa 5:1–6:12).

La recuperación del arca de manos de los filisteos fue una ocasión de gran regocijo, en la que se ofrecieron sacrificios y se expresaron gracias, lo que no impidió que Yavé derribara al pueblo con gran matanza porque habían mirado el arca de Yavé, una violación de su mandato expreso. (1Sa 6:11-21; Nú 4:6, 20.) No se sabe con exactitud cuántos murieron en esa ocasión. El texto masorético dice: "De modo que derribó entre el pueblo a setenta hombres —cincuenta mil hombres—". Esta construcción tan ambigua hace pensar que la expresión cincuenta mil hombres es una interpolación. La Versión Peshitta siriaca y una versión arábiga dicen que fueron derribados cinco mil setenta hombres. El Targum de Jonatán relata: "Y él derribó a setenta hombres entre los ancianos del pueblo, y a cincuenta mil entre la congregación". La Versión de los Setenta dice que él derribó a setenta hombres entre ellos, y a cincuenta mil de los hombres, mientras que Josefo menciona solo a setenta hombres (Antigüedades Judías, libro VI, cap. I, sec. 4).

Según el texto masorético, 1 Samuel 14:18 dice que durante los enfrentamientos del pueblo de Israel con los filisteos, el rey Saúl pidió al sumo sacerdote Ahíya que llevase el arca al campamento. Sin embargo, según la Septuaginta, Saúl le dijo a Ahíya: "¡Acerca el efod!".

Traslado del Arca

David llevando el arca a Jerusalén.

David tenía el buen deseo de trasladar el arca a Jerusalén, pero el procedimiento que escogió en el primer intento provocó un desastre. En lugar de transportar el arca a pie con los varales sobre los hombros de los levitas qohatitas, de acuerdo con las instrucciones conocidas, permitió que la colocasen sobre un carro. Las reses que tiraban de él estuvieron a punto de ocasionar un vuelco, y Uzah fue muerto por Yavé por tocar el arca, una acción que la ley divina condenaba explícitamente.

Por fin trasladada a Jerusalén, transportada como era debido por los levitas (1Cr 15:2, 15), allí estuvo guardada en una tienda durante el resto del reinado de David (2Sa 6:12-19; 11:11). Los sacerdotes quisieron llevársela cuando huyeron con motivo de la rebelión de Absalón, pero David insistió en que permaneciera en Jerusalén, pues confiaba en que Dios les permitiría a todos regresar indemnes (2Sa 15:24, 25, 29; 1Re 2:26). Él anhelaba construir una casa para poner en ella el arca, pero Dios postergó su edificación hasta el reinado de Salomón. (2Sa 7:2-13; 1Re 8:20, 21; 1Cr 28:2, 6; 2Cr 1:4). Fue entonces, con motivo de la dedicación del Templo, cuando se trasladó el arca de la tienda en la que se hallaba en Sión al lugar Santísimo del Templo, que se había edificado sobre el monte Moria, donde fue colocada bajo la sombra de las alas de dos grandes querubines. El arca fue la única pieza de todo el mobiliario que había estado en el tabernáculo que se llevó al Templo de Salomón (1Re 6:19; 8:1-11; 1Cr 22:19; 2Cr 5:2-10; 6:10, 11).

Desaparición del Arca

La única referencia histórica al arca del pacto posterior a Salomón es de 642 a. C., unos seiscientos años después de su construcción, y se halla en 2 Crónicas 35:3, donde se lee la orden del rey Josías de que el arca se colocase de nuevo en el Templo. Sin embargo, no se dice cómo llegó a estar fuera de él. Josías había ascendido al trono después de algunos reyes particularmente apóstatas, uno de los cuales había introducido una imagen tallada en la casa de Dios, por lo que es posible que uno de estos reyes inicuos sacase el arca de su lugar (2Cr 33:1, 2, 7). Por otra parte, bajo el patrocinio de Josías se había llevado a cabo en el Templo un amplio programa de reformas, así que cabe la posibilidad de que durante las obras se trasladase el arca a otro lugar con el fin de evitar que sufriese algún desperfecto (2Cr 34:8–35:19). No se hace ninguna mención de que el arca se llevase a Babilonia, y ni siquiera figura en la lista de los artículos que se sacaron del Templo, ni se menciona que fuese devuelta y colocada en el Templo que reconstruyó Zorobabel ni que se reemplazase por otra. No se ha llegado a saber cuándo desapareció ni en qué circunstancias (2Re 25:13-17; 2Cr 36:18; Esd 1:7-11; 7:12-19).

Jeremías predijo el tiempo en que el arca del pacto ya no existiría, pero indicó que no se la echaría de menos y que no perjudicaría a los adoradores de Dios el no tenerla. En cambio, llamarían a Jerusalén el trono de Yavé (Jer 3:16, 17).

En el Apocalipsis, Juan dice: "Se vio en el santuario de su templo [en el cielo] el arca de su pacto". (Ap 11:15, 19.)

Ubicación actual del Arca

Actualmente existen diversas teorías sobre la ubicación actual del arca de la Alianza. Entre ellas destacan las seis más conocidas, las cuales se citan a continuación.

Monte Nebo

El Segundo Libro de los Macabeos (2, 4-10) contiene referencia de unos escritos que mencionan que el profeta Jeremías, al ser advertido por Dios antes de la invasión babilónica, sacó el arca del Templo y la hizo enterrar en una cueva del Monte Nebo.

En este sentido, cabe mencionar que, a partir de esta ubicación, existen numerosas teorías o historias "no probadas" y sin fundamento serio, que postulan que habría sido encontrada e incluso posiblemente llevada a algún otro lugar.

Zimbabue

La tribu africana Lemba, la cual presume de ascendencia israelita, ha afirmado en sus tradiciones que sus antepasados, cuando llegaron al sur de África, trajeron consigo una reliquia sagrada llamada Ngoma lungundu o "la voz de Dios", la cual estuvo un tiempo escondida en una cueva profunda en las montañas Dumghe, su hogar espiritual hasta que fue llevada a un museo, donde se encuentra actualmente.

A partir de ello, el investigador Tudor Parfitt, que tiene un enfoque literalista de la historia bíblica, postula en su investigación que Ngoma lungundu está relacionada con el arca. Su hipótesis se basa en que el objeto descrito por el pueblo Lemba posee atributos similares al arca, tales como que Ngoma lungundu es de tamaño parecido, que fue trasladada sólo por los sacerdotes, que no se le permitió tocar el suelo, que fue venerada como una voz de su Dios o que se utilizó como un arma de gran poder.

Parfitt analizó este artefacto con radio-carbono, datándolo en una fecha aproximada al año 1350, lo que coincidió con el repentino final de la Gran Zimbabue. Parfitt sugiere que la Ngoma lungundu que se encontró, es la descendiente de la bíblica arca y que ésta fue reconstruida a través de la historia. Parfitt ofrece la sugerencia de que el arca bíblica, al igual que la Ngoma lungundu, era una estructura de madera cubierta con un pedazo de cuero y que siempre ha sido un tambor, así como un arma de algún tipo, al igual que el Ngoma. Sin embargo, esta última hipótesis es rechazada por otros arqueólogos e historiadores, al no poder ser probada.

Etiopía

En 1989, un periodista británico, Graham Hancock, aseguró que la legendaria arca perdida no se encontraba perdida, sino a salvo en un templo de Etiopía. Posteriormente han aparecido pruebas arqueológicas que han sustentado esta teoría. Esta teoría se basa en relatos pertenecientes a la iglesia cristiana Copta en Etiopía, que indican que el arca de la Alianza habría sido trasladada secretamente hacía más de 1000 años (650 a. C.).

Cuenta el libro sagrado de Etiopía, el Kebra Nagast, que en tiempos de Salomón, la reina de Saba visitó Jerusalén atraída por la sabiduría de su rey. La reina de Saba comenzó a ejercer una irresistible atracción sobre el hijo de David, quien pese a sus riquezas e inteligencia no lograba seducir a la bella soberana. Llegaba la hora de que partiera Saba y Salomón consiguió arrancarle una promesa: que en el caso de que se llevase consigo algún bien preciado del reino, consentiría a cambio yacer con él una sola noche. La víspera del viaje, Salomón ofreció a su invitada una cena de exquisitos manjares. Astutamente ordenó que se sazonaran con abundante sal y picantes especias. Tras los postres, la reina tuvo que beber abundante agua para calmar la sed. La reina de Saba cumplió y de aquella única unión nació Menelik I, futuro rey de Etiopía. Relatos indican que años más tarde el joven Menelik fue enviado para recibir educación a casa de su padre en Jerusalén. Pocos años después, a pesar de los esfuerzos de Salomón para que su hijo se quedara, Menelik regresó a Etiopía. La tradición cuenta que, seducido por sus ayudantes, se llevó consigo el arca. Algunas teorías postulan que para poder llevarse el arca existió un posible cambio del arca original por el de una copia del arca que Menelik debía llevarse; siendo posiblemente que esa copia sea el arca que se dice fue ocultada en Jordania; otras teorías, en cambio, postulan la posible existencia de dos arcas originales o que tenían la misma importancia, en donde en cada una se guardó posiblemente una de las Tablas de la Ley, siendo una de ellas la que fue llevada a Etiopía.

Posteriormente los relatos indican que permaneció primero en un templo en la isla de Elefantina del río Nilo. Luego se relata cómo el arca de la Alianza habría sido colocada en una especie de tabernáculo en la isla de Tana Cherkos (Tana Kirkos), ubicada en el lago Tana (lago Tano), donde permaneció durante 800 años.

Iglesia de Nuestra Señora de Sion.

Los relatos señalan que pasado estos 800 años, el rey Ezana de Etiopía decidió trasladar el arca a Axum, siendo finalmente guardada en la Iglesia de Nuestra Señora de Sion. Según los etíopes, es el lugar en donde hasta hoy en día aún permanece y es cuidada por un sacerdote. Este sacerdote, según sus tradiciones, sería un descendiente de uno de los levitas, quienes ayudaban a trasladar y cuidar el arca en sus viajes. Este sacerdote es la única persona a quien se le permite ver el arca de la Alianza guardada en la iglesia de Nuestra Señora de Sion, al igual que ocurría con los levitas según la tradición judía; es por ello que no se ha podido ratificar su permanencia real en esta iglesia, aunque todas las pruebas arqueológicas indicarían que esta teoría sería auténtica. Entre las variadas pruebas arqueológicas, hay reliquias pertenecientes al pueblo judío de la época del arca, y que pertenecerían al Templo de Jerusalén.

Esta última teoría además se sustenta en que extrañamente el arca es el punto central del culto y la adoración cristiana en Etiopía: cada uno de los 20.000 templos de Etiopía contiene una réplica del arca de la Alianza. El libro sagrado de Etiopía, el Kebra Nagast, cuenta la historia del traslado del arca gracias a Menelik I.

Cuando el rey Salomón se dio cuenta del robo, pensó en enviar un ejército a perseguir a su hijo, pero soñó que era la voluntad de Dios y mantuvo en secreto la desaparición del arca. La versión respecto a Makeda y Salomón, en la tradición judío ortodoxa de la falasha de Etiopía, es prácticamente idéntica a la del Kebre Negest. A pesar de ser una historia desestimada por los historiadores occidentales, los etíopes la aceptan sin dudar. Están convencidos de que el arca original fue llevada a Axum en el primer milenio antes de Cristo y que permanece ahí desde entonces.

Recientemente, el Abune de Etiopía afirma haber visto el Arca de la Alianza.

Pozo del Dinero en la Isla del Roble

Una teoría de la que no hay muchas pruebas asegura que después de la Tercera Cruzada, los Caballeros Templarios, lo más probable es que haya sido un grupo francés de esta orden, se la habrían llevado a Escocia, donde la familia noble Sinclair los habría ayudado a trasladarla a un lugar más alejado y por tanto más seguro. Este lugar sería una isla cerca de Nueva Escocia llamada Isla del Roble. En esa isla se encuentra un pozo, apodado el pozo del dinero, famoso por la inaccesibilidad de su fondo, donde podrían encontrarse variadas cosas, desde los manuscritos originales de William Shakespeare, las joyas de María Antonieta, el Santo Grial, un tesoro de Barbanegra o, como plantea esta teoría, el arca de la Alianza, y el misterio que lo rodea, ya que nadie sabe con certeza quién lo construyó o cuándo, aunque se propone que fueron integrantes de la flota naval francesa, cosa que sería viable dada la gran influencia templaria en esa zona siendo una de las principales pruebas que el último caballero templario de la historia Jacques de Molay fuera francés.

Monte de la Calavera

Ron Wyatt (1933-1999), un arqueólogo bíblico aficionado famoso por afirmar haber descubierto numerosos lugares y artefactos relacionados con la arqueología bíblica, la ubica en lo que se denomina el Jardín de la Tumba, en el Monte de la Calavera de Jerusalén. Su descubrimiento ha sido desmentido por científicos, historiadores y eruditos bíblicos por varios motivos como la total ausencia de pruebas (grabaciones o fotografías) y dar una descripción demasiado parecida a la ofrecida por el libro del Éxodo, pese a los miles de años transcurridos sin restauración ni mantenimiento alguno, además de discordar con la descripción existente en el Deuteronomio. Sin embargo, el trabajo de Wyatt sigue teniendo algunos seguidores entre grupos fundamentalistas cristianos.

Debajo del Templo de Jerusalén

Un grupo de rabinos afirma que tras la caída de Jerusalén, que devino en la destrucción y saqueo del Primer Templo a manos babilónicas, el arca habría sido enterrada en el monte Moriá, donde se habría ubicado el antiguo templo. Según estos religiosos, el cofre sagrado no se menciona entre los tesoros devueltos por los persas, por lo que debió sobrevivir al saqueo al ser enterrado por los levitas. Estos habrían muerto en la caída de la ciudad sin dar la ubicación del arca. Hoy su búsqueda es casi imposible porque en ese sitio se alza el Domo de la Roca. En una entrevista para The Telegraph, el rabino Chaim Richman, director del Instituto del Templo cuya finalidad es fomentar la reconstrucción del Templo de Salomón en Israel, señaló que el Arca del Pacto o Arca de la Alianza estaría oculta a un kilómetro de allí, en cámaras subterráneas, cavadas en los días de Salomón.

Existencia del Arca

En cuanto a la existencia histórica del Arca de la Alianza, desde principios del siglo XXI se ha producido un auténtico debate historiográfico para tratar de averiguar cuál fue la naturaleza de este importante objeto de culto. Por una parte, los conocidos como historiadores minimalistas, encabezados por los arqueólogos israelitas Finkelstein y Silberman, autores de La Biblia Desenterrada, rechazan la propia existencia de la reliquia, al negar, entre otras cosas, el carácter histórico del Éxodo y buena parte de los hechos narrados en la Biblia sobre la Monarquía Unificada. Por otra parte, autores más sensacionalistas como Graham Hancock, autor de Símbolo y Señal, se alinean con los biblistas, que basándose en una interpretación demasiado literal del Antiguo Testamento, la interpretan tal y como la describe el Libro Sagrado. Una postura intermedia la representa el profesor español Javier Martínez-Pinna, autor de Operación trompetas de Jericó, quien no parece dudar de la existencia histórica del Arca, después de estudiar el registro arqueológico y descubrir artefactos con las mismas características, en el mismo contexto geográfico y temporal del pueblo israelita a comienzos del primer milenio antes de Cristo.

Contenido del Arca

El arca hacía las veces de archivo sagrado para conservar ciertos artículos que servían de recordatorio o testimonio. Las dos tablas del Testimonio o los Diez Mandamientos eran su principal contenido (Éx 25:16.). También se guardó en ella una jarra de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que echó botones, pero más tarde, en algún momento anterior a la construcción del templo de Salomón, se sacaron de ella (Heb 9:4; Éx 16:32-34; Nú 17:10; 1Re 8:9; 2Cr 5:10.). Poco antes de morir, Moisés dio una copia del libro de la ley a los sacerdotes levitas y les dijo que la deberían guardar, no dentro, sino al lado del arca del pacto de Yavé.[1]

Arca de la Nueva Alianza

La Virgen María es la madre de Dios; es por eso que, de forma análoga, llamamos a la Virgen el Arca de la Nueva Alianza, pues es la theotokos, la portadora de Dios en su bendito vientre.

El Apocalipsis, capítulo 12, la mujer es el Arca de la Alianza. Esta es la Iglesia y también es María, que hace batalla contra el Dragón.[2]

Referencias

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